Lucifer es uno de esos nombres que casi nadie pronuncia en fr甐. Apenas aparece y ya vienen pegadas la ca獮a, el diablo, el infierno, la tentaci鏮 y el mal. El problema es que casi siempre recibimos esa figura ya armada, como si hubiera existido as?desde el origen.
Expediente Lucifer abre ese archivo y empieza a separar piezas. Va del lucero del alba a Isa燰s 14, de la Vulgata a la imaginaci鏮 patr疄tica y medieval, del arte y las pastorelas al satanismo moderno y la cultura pop. No para absolver a Lucifer ni para predicar a su favor, sino para seguir el rastro de una construcci鏮: la manera en que Occidente fue cosiendo, durante siglos, el rostro del adversario.
M嫳 que un libro sobre el diablo, 廥te es un libro sobre la maquinaria que fabrica enemigos duraderos. Sobre c鏔o una cultura traduce, exagera, mezcla, moraliza y repite hasta convertir fragmentos distintos en una sola historia. Y sobre lo que ese proceso revela de nosotros mismos: nuestra necesidad de simplificar, de demonizar y de confundir la versi鏮 heredada con la verdad.
Porque, a veces, lo m嫳 inquietante no es el adversario en s? sino la mano que lo dibuj?