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Pocos historiadores se han dedicado a estudiar a protagonistas cuasi an nimos que, por su empe o, idealismo y luchas, arriesgaron sus vidas. Al paso del tiempo fueron olvidados por las historiograf as, oficializadas por los poderes surgidos de esas luchas, pero no por familiares cercanos e investigadores serios que no fueron cooptadas por "El sistema." Hay infinidad de esas historias marginadas de los textos escolares, esta es s lo una de ellas. El personaje biografiado, Jenaro Amezcua Amezcua, fue part cipe muy importante en la etapa revolucionaria del M xico del siglo XX (1910-1920) y posrevolucionaria (1921-1946). Incluso antes, a fines del Porfiriato, y de acuerdo a las ense anzas de sus abuelos y su madre, se inquiet por los ideales libertarios de los campesinos y obreros explotados por las elites dominantes. Se enter del anarquismo difundido por los hermanos Flores Mag n y se inici pol ticamente en el movimiento reyista. Movimiento ste que impulsaba al general Bernardo Reyes para suceder a Porfirio D az. Movimiento que nunca fue abiertamente apoyado por el inspirador del que naci . Al conocer a Francisco I. Madero, se identific con sus proyectos y form uno de los primeros clubes antirreeleccionistas. Luch por l hasta su triunfo y despu s se decepcion por el trato dado a los campesinos del sur, Madero nunca entendi a Zapata. Jenaro entonces, aplic todo su esfuerzo militar e intelectual a la causa del Ej rcito Libertador del Sur. Lugarteniente importante del Caudillo del Sur, representante del zapatismo en la Convenci n de Aguas Calientes, embajador de esa revoluci n agraria en la Habana, Cuba. Impulsor de las cooperativas de campesinos - Balnearios de aguas termales- en el estado de Morelos, fundador del Partido Nacional Revolucionario (1929) y despu s cooptado por ste para beneficio del callismo y la revoluci n institucionalizada. Nunca reconocido su grado de militar, ganado a pulso en la revoluci n zapatista, por ning n gobierno emanado de la Revoluci n, muri decepcionado, de ver en lo que se hab a convertido esa lucha, en el olvido en una peque a habitaci n de una calle de la Ciudad de M xico. No tiene tumba, mucho menos monumento, nombre de calle o colonia en ning n lugar del M xico moderno. Este es un peque o homenaje a este hombre que nunca claudic a sus ideales de lucha por el bienestar del campesinado mexicano.