EL OCTETO DE C紑DOBA
Universo este que libro a libro, y en la pantalla extra grande de nuestra imaginaci鏮, se va abriendo cada vez m嫳, con una riqueza y profundidad desacostumbradas. En la Galaxia Nubedil el avance, circular o el甑tico, forma eslabones, encadena ideas, gira sin parar, y el v廨tigo abismal sentido no es otro que el del humano conocimiento. Obligatorio destacar la musicalidad, el ritmo de su prosa, tambi幯 envolvente y redonda. El uso, c鏔o no, de discos que abren, cierran o condicionan ciertas escenas. Tal fue aquel Hapo Zamani de Makeba, casi cerrando El Dia del Estudiante,
que dejaba extra隳s y desasogantes ecos, repercutiendo ahora como el aviso que era: El rumor de un zumbido todav燰
desconocido, en los compases perdidos de Fever, un viejo single que se va cubriendo de moscas. Progresiva invasi鏮 de miserias, propias y ajenas, donde son ellas, las viejas moscas de la falsedad, quienes despliegan su atroz coreograf燰, ensuciando cualquier intento de alejarlas. Todo el magullado cuerpo de esta novela es un muestrario de la obsesiva bqueda de raz鏮 al absurdo social de la mentira. Guerra perdida de antemano, pero de la que un esp甏itu honesto no huye jam嫳. Inesperada vuelta de tuerca, forzando a la palabra en un desesperado tirabuz鏮, que s鏊o el dolor conoce, para narrar lo inexpresable. Destacando que lo importante no es s鏊o lo que sucede, sino c鏔o sucede y por qu?
Que el conocimiento depende tanto de la informaci鏮 como de la refl exi鏮 que sobre ella hagamos. Y que esa fue la invitaci鏮 desde un principio: La de ir asimilando una historia junto a sus protagonistas, y quiz?junto al autor que, para entenderla la va montando, pieza a pieza, en su recuerdo.
RAUL DUARTE